Feocromocitoma

El feocromocitoma es un tumor que provoca un estado hipertensivo secundario muy raro (0,2%–0,4% de todos los casos de hipertensión arterial), con una incidencia anual calculada de 2–8 por millón de habitantes. El tumor surge más comúnmente de la médula de la glándula suprarrenal y puede ser hereditario o adquirido.

Aparece hipertensión en cerca del 70% de todos los casos de feocromocitoma, siendo estable o paroxística (cursa con síntomas tales como cefalea, transpiración, palpitaciones y palidez) en aproximadamente las mismas proporciones. El diagnóstico se basa en confirmar un incremento de las catecolaminas plasmáticas o urinarias o de sus metabolitos.

Tras efectuar el diagnóstico de feocromocitoma, resulta imprescindible la localización del tumor. El 95% se ubican en o cerca de las glándulas suprarrenales y, dado que con frecuencia se trata de tumores voluminosos, en ocasiones se detectan mediante ecografía. Sin embargo, las técnicas más sensibles (98%–100%) son la TC y, especialmente, la resonancia magnética (RM), que, sin embargo, tiene una especificidad baja (50%). De forma complementaria a una TC o RM, la gammagrafía con metayodobencilguanidina puede resultar útil para localizar feocromocitomas extrasuprarrenales y las metástasis del 10% de los feocromocitomas que son malignos, o bien para confirmar funcionalmente los feocromocitomas localizados mediante TC o RM.

El tratamiento definitivo requiere la escisión del tumor. Antes de ello, ha de prepararse al paciente adecuadamente. Esto precisa la introducción de un alfabloqueante y, tras el tratamiento adecuado con este fármaco, pueden introducirse betabloqueantes. A continuación puede efectuarse la escisión quirúrgica, que hoy día se practica con frecuencia de forma laparoscópica, aunque tras una reposición de líquidos suficiente. Esto resulta necesario porque la exposición prolongada a un feocromocitoma provoca natriuresis por presión y venoconstricción con una hipovolemia pronunciada.